Un reciente trabajo de la Universidad de Vigo y el Instituto de
Investigaciones Marinas demostraba una "relación clara" entre las condiciones
oceanográficas y la abundancia de ejemplares de Octopus vulgaris. "Se van
obteniendo piezas del rompecabezas, pero falta la edad, cuántas poblaciones
existen y cómo interactúan", insiste el profesor Rocha, quien confía en que la
tesis de la chilena Clara Hermosilla, licenciada en Biología Marina por la
Universidad Austral, genere más estudios.
La investigación dispone de fondos
del proyecto Ecosummer de la Unión Europea, en el que colaboran universidades y
centros de España, Reino Unido y Grecia para becar a jóvenes científicos.
Hermosilla llegó a Vigo en septiembre de 2006 y, tras una breve estancia en
Investigaciones Marinas, viajó a Italia y Grecia antes de instalarse en la
ECIMAT.
En el laboratorio de Toralla ha trabajado con ejemplares completos
recogidos en las islas de Creta y Lesbos, en Nápoles, Cádiz o Barcelona, entre
otros. Algunos de esos pulpos fueron enviados congelados y, una vez analizados,
los investigadores dieron buena cuenta de ellos. Una práctica habitual en este
tipo de estudios, comentan entre risas Rocha y Hermosilla.
El profesor
destaca que el experimento sería inviable sin unas instalaciones como las de la
ECIMAT puesto que los pulpos requieren agua de mar de muy alta calidad. Los
ejemplares capturados en la ría se reparten en cinco tanques cubiertos con redes
para evitar "fugas", de hecho uno se murió tras una escapada. Para mantenerles
tranquilos les dan de comer más de lo que necesitan: una sardina al día de unos
140 gramos para cada uno y de la que, como buenos "sibaritas", sólo dejan las
espinas.